jueves, 10 de julio de 2008

:: Café para NO llevar ::


9:00, el invierno en Buenos Aires dista de ser crudo, sin embargo me apetece un café para acompañar la caminata de 7 cuadras hasta la oficina. 9:02 refugio mis ganas de algo caliente comprando un cortado en vaso mediano en el Havanna de Marcelo T y Reconquista. 9:04 Salgo con el objeto entre mis manos luego de haber abonado la impúdica suma de cinco pesos. 9:05, semáforo y primer momento para sorbetear por el simpático hueco del vaso y econtrarme con un lodo hirviendo que hace combustión en mi labio superior. 9:06 Todavía mi lengua se resiente retorcida y lastimosa sobre su costado derecho. 9:08, caminata continuada sobre la Avenida Alem, aprecio que el vaso colérico o casi satánico comienza a escupir café por todos sus costados. Intento disimular que me quemo la mano. 9:09, tres o cuatro pasos más y nuevamente el volcán negro salpica desequilibradamente mi brazo, pierna y zapatos. Intento tragar un poco más del líquido para evitar chorrear y evidenciar mi falta de capacidad para este tipo de elementos. 9:10, ya doblando la esquina de Bouchard y con los dedos pegoteados de aquel cortado de primera calidad quito pardamente la tapa e ingiero un sorbo generoso y finalista. 9:11 entro a la oficina con el esqueleto del demonio y las manos sucias de haber caído en la trampa de una ahora clara revelación: en Buenos Aires nadie toma el café literalmente para llevar, esperan hasta llegar a un espacio tranquilo donde beben y sonríen cómplices de una cultura norteamericana que no nos es propia, pero no importa. El café para llevar es casi una mentira. Caminar con un vaso de telgopor flácido y débil puede ser tan bochornoso como hacer una cola de 3 horas en el Starbucks de Alto Palermo para obtener un vaso con tu nombre en marcador negro que entre líneas dice "soy víctima de las películas yankees donde la gente cool camina y bebe café, y hablan por celular, y mandan mails desde sus blackberries y tienen bolsas de la quinta avenida colgando del antebrazo y usan gafas de sol al estilo Audrey Hepburn". Pero vivo en Argentina y acá quien no se cree mil.

3 comentarios:

Anónimo dijo...

Si, yo me quedo con el cafe en una mesa tranquilaaaaaaaaa! aunque quiero ir a Starbucks!
Ceci

Anónimo dijo...

rochi, me hiciste reir mucho.
no somos victimas de la cultura yonkee x el café solamente. hay otros casos, el primero que se me ocurre es KANSAS. Qué gran aberración! La gente hace colas y colas para comer un rib o un brownie medio pelo con helado.

beso
Mery

Rodrigo dijo...

Perdón no ?, pero no tolero el mensaje marxista- leninista de la tal "Mery", KANSAS es un claro ejemplo del triunfo del capitalismo neoliberal que nos hace tanto bien, un espacio para gente exitosa. Mery, si sos una loser andá a comer al Palacio de la Papa Frita.