Viajando en una comprimida cajita de fósforos era casi imposible encenderse y saltar. Afuera llovía; ¿Había necesidad de salir? Tal vez la misma que contradice la de quedarse en la calurosa conformidad.
El fósforo azul dubitativo logró escabullirse y escapar. ¿Pero a dónde? Ahí, a ese mínimo rincón que ningún otro fósforo pisó. ¿Pero no llovía? ¡A cántaros! El fósforo azul corrió mientras se decoloraba y sus patas de madera cedían húmedas sin compasión. Pensó en dejarse ganar; ¿Había necesidad de seguir?. Tal vez la misma que contradice a nuestro sofá del living.
Echó un último vistazo a la cajita repleta de fósforos rojos. No quería eso. Entonces prefirió zambullirse en el agua. Y flotó.
R.P.
miércoles, 17 de marzo de 2010
:: El fósforo azul ::
Publicadas por
rochi p.
a la/s
11:55 a.m.
1 comentarios
Etiquetas: cuento, fósforo azul
jueves, 11 de marzo de 2010
Suscribirse a:
Entradas (Atom)